Termino

Era de la familia de los Faunos y de los Silvanos, protector de los límites que se ponen se ponen en los campos y vengador de las usurpaciones. El culto de esta divinidad había sido establecido por Numa después de la repartición de las tierras entre los ciudadanos. Su templo se levantaba sobre la roca Tarpeya. En lo sucesivo Tarquino el Soberbio quiso levantar un templo a Júpiter en el Capitolio, para lo cual era preciso levantar las estatuas y santuarios que ya existían. Todos los dioses cedieron sin resistencia el sitio que ocupaban; el dios término se opuso contra todos los esfuerzos que se hicieron para quitarle su sitio y fue preciso dejarle en él. Así, pues, quedó en el mismo templo que se levantó en aquel paraje. El pueblo romano creyó ver en este hecho una garantía de la eternidad de su imperio; y además se persuadió que, nada hay tan sagrado como los límites de un campo.
En un principio se representó al dios Término con la figura de una gran piedra cuadrangular o de un tronco de árbol; diósele más tarde una cabeza humana sobre un mojón piramidal; pero quedaba siempre sin brazos ni pies; y se decía que esto era para que no pudiera cambiar de sitio.
El día de si fiesta se le ofrecía leche, miel y rara vez pequeñas víctimas; este día se adornaban también con guirnaldas los mojones de los campos y de los grandes caminos.